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mundocadaver
11 April 2007 @ 08:43 pm
Supongo que fue mi expresión lo que los hizo enmudecer poco a poco. Por mas que giraba el sintonizador de barrido de la radio del Sokol, no conseguía captar mas que estática en la onda corta. Una horrible bola helada me cayó en el estómago. Si la onda corta no captaba ningún tipo de emisión eso solo podía significar dos cosas: O bien que en la isla de Lanzarote guardaban silencio absoluto de radio por algún motivo desconocido…… o bien ya no había nadie capaz de manejar una emisora en toda la isla.

Sentí que me mareaba. Si la Epidemia había llegado a las islas entonces nuestras posibilidades de supervivencia caían en picado. Estábamos a mas de dos mil kilómetros de Europa, volando hacia un archipiélago en medio del Atlántico con nuestras últimas reservas de combustible agotándose en el depósito y sin posibilidad de volver, ni de ir a cualquier otra parte. Lo habíamos apostado todo a la carta de las Canarias….. y por lo visto habíamos perdido.

El silencio se había hecho en la cabina del Sokol. Podía sentir tres pares de ojos clavándose en mi nuca, mientras el helicóptero devoraba las últimas millas náuticas que nos separaban de tierra. En pocos minutos estaríamos con los “pies secos”, como le había oído decir a Prit ¿Qué demonios les iba a decir? Y sobre todo ¿Qué diablos se suponía que íbamos a hacer?. La cabeza me daba vueltas.

- No se recibe ninguna señal ¿Verdad?- preguntó sor Cecilia, con una nota de fatalismo en la voz.

- No, hermana- contesté tras unos interminables segundos de silencio – Creo que no hay nadie ahí abajo- Añadí con pesar. Las primeras arenas de la costa ya pasaban veloces bajo nuestros pies en aquel momento.

- No puede ser… ¡No puede ser!- Lucía meneaba la cabeza con obstinación- Déjame probar a mi- me dijo, mientras me apartaba de un empellón de la radio y me arrebataba los cascos.

Observé con fascinación a la espigada joven mientras comenzaba a manejar la radio de comunicación. Sus dedos hacían girar los mandos de sintonización con la delicadeza y precisión de un orfebre, deteniéndose en cada pequeño chasquido o interferencia, en busca de ese punto exacto que hiciera adivinar una mano humana detrás de la señal. Comprendí que me había dejado llevar por los nervios un par de minutos antes y que había manejado el aparato con excesiva brusquedad, comparado con la delicadeza con la que Lucía barría la frecuencia. De repente, su expresión cambió y mi corazón empezó a galopar salvajemente dentro del pecho.

-¡Aquí hay algo!- Su expresión era casi salvaje- ¡Escuchad esto!- Se sacó los cascos de golpe, mientras Prit, con su mano sana tocaba a tientas el tablero y conectaba el sonido abierto en la cabina, sin apartar la vista del terreno volcánico que se extendía ante él.

- ….Aeropuerto de Tenerife Norte GCXO, Aviso de emergencia Automático, ……….cabeceras 12/30 libres, pista principal despejada,………. contacten con torre en canal 36, no aterricen, repito, no aterricen sin autorización………………. Accedan directamente al Área de Cuarentena. Aeropuerto de Tenerife Norte GCXO, Aviso de emergencia Automático,……… cabeceras 12/30 libre…..- el mensaje se repetía aún dos veces mas antes de ser sustituido por el mismo texto pero en inglés.

-¿Qué significa eso?- Preguntó Lucía extrañada- ¿De que se trata?-

-Aeropuerto Tenerife Norte…..- musitó Prit por lo bajo-…….. Los Rodeos-.

Asentí con la cabeza. El Aeropuerto Tenerife Norte, mas conocido por Los Rodeos, era una de las dos Terminales aéreas de Tenerife, junto con el aeropuerto Reina Sofía, al sur de la isla. Aquella señal automática indicaba que aún tenía que quedar alguien allí que había sobrevivido a la Epidemia. La parte del mensaje que hablaba de un “area de Cuarentena” invitaba a pensar en ello. Esa era la parte buena de la noticia.

La parte mala era que aún teníamos que llegar hasta allí. Y una breve ojeada al indicador de combustible del Sokol me bastó para saber que aquello no iba a ser posible.