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mundocadaver
12 April 2007 @ 08:43 pm
Una luz roja empezó a parpadear sobre el tablero de mando, al tiempo que una estridente alarma sonaba dentro de la cabina. Viktor tiró de una pequeña palanca situada a su derecha y la luz se apagó, siendo sustituida por otra fija de color naranja. Todos miramos inquisitivamente al pequeño ucraniano.

-Acabo de conectar la reserva de combustible- dijo- nos queda jarabe para quince minutos de vuelo. Después…….- No terminó la frase.

-¿Qué hacemos?- pregunté quedamente.

-La radiobaliza del aeropuerto de Lanzarote sigue funcionando, pero eso no significa nada- replicó el ucraniano- Tiene baterías alimentadas por placas solares, así que si nadie las toca podrían funcionar en modo automático y de manera indefinida durante meses…. No se que es lo que nos vamos a encontrar allí- concluyó.

Por un instante un pesado silencio reinó entre nosotros. Las alternativas eran escasas.

-Hacia el aeropuerto de Arrecife- dije, tras pensar tan solo unos segundos- Creo que es nuestra única opción-

El ucraniano asintió, mientras ladeaba el pesado Sokol hacia la izquierda, siguiendo la señal de la radiobaliza del aeropuerto de Arrecife, Lanzarote.

Al cabo de unos seis o siete minutos pasamos rozando los tejados de las primeras casas de Arrecife, una ciudad que solía tener unos cincuenta mil habitantes antes de la Epidemia. Sin embargo ahora, a través de las ventanillas no podíamos distinguir a nadie circulando por las calles.

Parecía una ciudad como tantas otras que habíamos visto a lo largo de aquel interminable viaje, solo que esta era ligeramente diferente. No había señales de lucha por ninguna parte, ni tapones de vehículos abandonados, ni edificios quemados hasta los cimientos, ni ninguna de las señales del Apocalipsis. Los jardines públicos, aunque desmantelados y salvajes, no ofrecían esa imagen de jungla que tenían otros parques urbanos abandonados a su suerte desde hacia mas de un año. Las calles estaban sucias, pero no tenían esas ingentes cantidades de basura, escombros y papeles revoloteando tan habituales en todas partes. La ciudad, en definitiva, parecía dormida, como si fuese un domingo a primera hora de la mañana. Casi esperabas ver pasar al camión de reparto de los periódicos doblando una esquina, como un día normal.

-Allí!- Chilló Lucía- En aquella plaza, entre los dos autobuses verdes!!-

Todos miramos en aquella dirección. Tragué saliva. De entre los dos autobuses urbanos asomaban en aquel instante dos hombres, uno de ellos ataviado con el inconfundible uniforme militar de la Legión Española. El otro era un civil alto, de unos cuarenta años, vestido de traje y corbata, con el pelo revuelto. Ambos iban caminando en paralelo, como si charlasen amistosamente, totalmente ajenos al estruendo del Sokol sobre sus cabezas. Una imagen perfectamente normal, si no fuese porque al civil le faltaba la mitad de la cara y una enorme costra de sangre reseca cubría el torso del legionario .

Eran No Muertos.

Estaban allí.

De alguna manera u otra la Epidemia había alcanzado de lleno a aquel lugar.

Pegué un puñetazo furioso contra uno de los montantes del helicóptero mientras Prit soltaba una retahíla de tacos en ruso. Lucía, por su parte, estaba completamente anonadada, contemplando a aquellos dos tipos con sus prismáticos, incapaz de creer lo que tenía ante sus ojos. Por su parte, Sor Cecilia había retomado su rosario y con voz monótona desgranaba una oración suavemente. La cara de la anciana monja irradiaba una extraña paz, en contraste con nuestras expresiones. Ella era perfectamente consciente de que tan solo nos quedaban unas horas de vida, a lo sumo, y estaba arreglando sus últimas cuentas para cuando tuviese que saludar personalmente a Dios….. lo cual sería pronto, si no lo remediábamos de alguna manera. Tenía que pensar algo.

- Aquí hay algo que no cuadra- me repuse- la ciudad no está arrasada, como todas las que hemos visto hasta ahora, ni tiene señales de lucha- grité por encima del ruido de los rotores para hacerme entender- ¡Fijaos bien!. Hay muy pocos No Muertos por las calles, quizás unas pocas docenas, a lo sumo-

-Es cierto!- Contestó Prit, también a gritos- Toda la ciudad da la sensación de haber sido abandonada de una forma ordenada, sin matanzas ni desordenes. Me apostaría la última botella de vodka a que esos No Muertos de ahí abajo llegaron a la ciudad desde otra parte, poco después de que hubiese sido evacuada!-

-Eso explicaría por que hay tan pocos- respondí- Pero no explica donde se ha metido todo el mundo, ni porque evacuaron la ciudad-

-Ni tampoco de donde han salido esos No Muertos – Apuntó lúgubremente Lucía.

Guardamos silencio, sumidos en nuestros pensamientos, mientras el helicóptero cruzaba los últimos kilómetros antes de llegar al aeropuerto. Amartille cuidadosamente el HK, con un chasquido que hizo respingar en sus asientos a todos los demás. Mientras las preguntas se agolpaban en nuestras cabezas, no podía evitar que un escalofrío me recorriese la espalda, al pensar lo que nos podríamos encontrar al llegar allí.