?

Log in

No account? Create an account
 
 
mundocadaver
19 April 2007 @ 10:24 pm
Notaba la camisa pegada a mi espalda por efecto del sudor. Aproveché los últimos minutos antes de llegar al aeropuerto para pasar a la parte trasera de la cabina y enfundarme el neopreno como pude, entre resoplidos y contorsiones.
Cuando acabé de vestirme con mi viejo traje (que realmente estaba cada vez mas viejo y ajado y con un par de feos costurones, recuerdo de incidentes pasados) la sombra del Sokol ya se deslizaba sobre el asfalto de la cabecera de pista del aeropuerto de Lanzarote

-Mira eso!- dijo Prit, mientras indicaba con su brazo a la torre de control- Aquí si que parece que hubo algún tipo de jaleo!!-

Seguí la dirección que indicaba el brazo del ucraniano. La torre de control estaba ennegrecida por efecto del humo y de las llamas que la habían consumido. Los huecos de las ventanas parecían enormes caries en abiertas en la cima de la desmantelada torre, que estaba rodeada de enormes cantidades de escombros y cristales rotos a sus pies.

Era muy extraño. Daba la sensación de que la torre había sido incendiada intencionadamente por algún motivo, en vez de ser pasto de algún fuego fortuito. De hecho, el resto de la pequeña Terminal resplandecía intacta bajo el tremolante sol del mediodía, junto con tres o cuatro pequeños aviones de la compañía Binter, la empresa que anteriormente enlazaba las islas entre si, y que ahora se pudrían lentamente en la posición donde los dejaron por última vez.

Al fondo de la pista, y como extraño contrapunto,un enorme 747 yacía ladeado, con el morro medio enterrado en una montaña de arena. Era blanco y rojo, con las palabras TALA AIRWAYS pintadas en enormes letras de molde en el fuselaje y la cola.
No tenía ni idea de cual era aquella compañía, ni donde estaba abanderada. Por los colores, europea, o asiática. Algún tipo de pequeña compañía charter, probablemente.

Lo que estaba claro era que la pista del pequeño aeródromo de Lanzarote era demasiado corta como para dar cabida a uno de aquellos mastodontes del aire, y que, tras tomar tierra, no había sido capaz de frenar sobre el cemento y finalmente se había salido por un lateral. Aterriza como puedas, amigo.

Sin embargo no se apreciaban restos del accidente por ninguna parte. Es mas, todo parecía escrupulosamente ordenado y tranquilo, como si después de haber tomado tierra tan aparatosamente, alguien hubiese decidido recoger todos los restos y adecentar el entorno. Mientras el Sokol daba una ultima vuelta apurando el fondo del depósito de combustible, pude ver que ciertas partes del avión, como los flaps, habían sido cuidadosamente desmontados y retirados a alguna parte.

-Canibalizado- dijo Prit quedamente por el intercomunicador.

-¿Cómo?- respondí, confuso.

-Canibalizado. En Chechenia, en ocasiones teníamos problemas de suministros y repuestos, sobre todo cuando los muyahidines aprendieron a usar misiles antiaereos ligeros. Entonces, para poder mantener un mínimo de aparatos de la escuadrilla en el aire, sacábamos piezas en buen estado de los aparatos mas dañados para colocárselas a los que iban a volar.- Hizo una pausa- Canibalizados- concluyó quedamente el ucraniano, mas concentrado en posar el Sokol al lado de los depósitos de combustible del aeropuerto que de conversar conmigo.


El helicóptero se posó con suavidad en la pista y pronto el zumbido de las hélices se fue apagando al desconectar Viktor las turbinas. Cuando eso ocurrió yo ya estaba corriendo hacia uno de los pequeños camiones de suministro de combustible que había divisado desde el aire. A medida que me acercaba notaba que el corazón se me iba encogiendo como un puño. Aquel camión también había sido “canibalizado” por completo. Desprovisto de ruedas, descansaba sobre cuatro solidos bloques de cemento, y el capó abierto dejaba ver el enorme boquete donde en alguna ocasión estuvo instalado el motor que lo impulsaba. La cisterna trasera, evidentemente, estaba seca como el desierto del Sahara.

Me giré hacia Prit, pero éste y Lucia ya se dirigían con paso firme a un pequeño cercado metálico que rodeaba algo que recordaba remotamente a un surtidor de gasolina. El ucraniano sacudió la puerta de la verja, cerrada por una simple cerradura común y corriente. Dando un par de pasos atrás, cogió carrerilla y descargó una tremenda patada sobre el engarce del mecanismo, destrozándolo con un sonoro crujido. La puerta quedó colgando de sus goznes en un extraño ángulo que tan solo dejaba un pequeño hueco,lo que aprovechó Lucía para escurrirse dentro como una anguila, atenta a las instrucciones del piloto.

-Aprieta esa palanca.¡Así no, en el otro sentido!. Tienes que darle al botón de purgado del sistema. Es ese botón….¡ese no, el que está al lado!- el ucraniano se deshacía en explicaciones mientras conectaba trabajosamente una enorme manguera a una de las bocas que salían del surtidor.

Me acerqué hasta ellos a la carrera para echarles una mano, pero de repente, frené en seco. Un par de figuras tambaleantes se recortaban a lo lejos, viniendo desde el edificio de la Terminal. Y detrás de ellos, saliendo de varias puertas surgían varias docenas mas, todos ellos concentrados en el improvisado espectáculo que se ofrecía al fondo de la pista.

Nosotros.

-¡Tenemos compañía!- Grité, a pleno pulmón.

Había oido esa frase en infinidad de películas de Hollywood. En boca de los aguerridos protas de las películas siempre sonaba confiada, viril y potente, pero en mis oidos, mi grito sonó como un graznido atemorizado.

Lucia y Viktor levantaron la cabeza, sorprendidos, y rápidamente, redoblaron sus esfuerzos por poner la bomba en funcionamiento. Yo, por mi parte, apoyé una rodilla en hirviente suelo de la pista mientras descolgaba el HK de mi hombro.

Por que no. Aquel era un día tan bueno como cualquier otro para reventar.