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mundocadaver
15 June 2007 @ 02:09 pm
Salimos al pasillo. Después de un mes encerrado dentro de aquel cubículo, los primeros metros se me hicieron un tanto incómodos para caminar. Con Lúculo colgado del brazo, tuve que detenerme un momento, apoyado en la pared, para recuperar el equilibrio. Tan solo nos acompañaba un guardia, que era, aunque él no lo sabía, del todo punto innecesario. Estaba tan débil, que no hubiese podido correr ni cincuenta metros y ya no digo escapar del barco o llegar a nado a la costa.

Finalmente desembocamos en un luminoso cuarto, con unos amplios ventanales sobre la cubierta de vuelo. En medio del mismo, un oficial del ejercito estaba sentado a una mesa, con un ordenador (el primero que veía funcionando desde hacia mas de un año), una impresora y varios aparatos mas. Una amable civil me sacó un par de fotos, mientras otro funcionario me pedía educadamente mi colaboración para tomar mis huellas. No pude evitar la extraña sensación de estar entrando de nuevo en el sistema (sin tener muy claro, eso si, de que demonios iba aquel sistema).

- En pocos minutos tendremos su documentación lista, caballero- me dijo el oficial sentado al ordenador, mientras tecleaba rápidamente- Documento de identidad, pases de control, cartilla de racionamiento..- enumeró rápidamente- Todo lo que necesita para poder vivir en Tenerife. Mientras tanto....-

- Mientras tanto podríamos aprovechar para tener una breve conversación- Le interrumpió Alicia Pons- Y ponernos al día mutuamente de todas las circunstancias ¿Qué le parece?-

-Una idea brillante- repliqué, con cierta ironía- Nada me gustaría mas que saber que demonios está sucediendo a mi alrededor-.

-Sígame- dijo Pons- En el cuarto de al lado podremos hablar con mas tranquilidad. Además, si no me equivoco, creo que nos han servido un pequeño refrigerio, que hará mas ligera la espera-.

Cuando pasamos al cuarto contiguo mis ojos se abrieron como platos. Sobre una mesa, ordenadamente dispuestas, había varias fuentes repletas de fruta fresca, emparedados, pan recién horneado, una tortilla de patatas y hasta una cafetera humeante que inundaba toda la estancia de un embriagador aroma a café. Después de llevar varios meses comiendo tan solo comida enlatada, aquello me parecía el mejor menú del mundo. Tuve que hacer gala de toda mi fuerza de voluntad para no abalanzarme sobre la mesa como un huno enloquecido.

-Por favor, siéntese y sírvase lo que le apetezca- Me dijo Alicia Pons, mientras cogía una taza y la llenaba de un café espeso e hirviente- Supongo que estará hambriento, y deseando probar algunas de estas cosas-

Agradeciendo su invitación, ataqué las fuentes de emparedados, mientras Pons me observaba atentamente, sentada en una silla. Aproveché para echarle un vistazo. De unos treinta años, mediana altura, tirando a pelirroja, delgada y de facciones menudas, se podía decir que era una mujer guapa. Iba ataviada con un uniforme de paseo de la marina, aunque sin el gorro, y llevaba su abundante melena recogida en un moño sobre su nuca. En su mano derecha lucía una alianza de oro y con la izquierda jugueteaba inconscientemente con un bolígrafo azul. Aunque aparentaba un aire frágil, una breve mirada a sus ojos bastaba para darse cuenta de que aquella mujer debía tener un carácter resuelto y decidido. Me había fijado en el extremo respeto con el que le habían tratado todos los soldados, oficiales y personal civil que nos habíamos cruzado por el camino. Evidentemente, era una persona de peso allí, y lo que es mas importante, se sabía hacer respetar.

-Entonces....- comenzó a hablar, mirando un papel que tenía sobre la mesa – Un medico con fractura de tabique nasal y otro con una fractura abierta en el brazo y luxación de hombro ¿Me quiere explicar que demonios le pasaba por la cabeza?-.

-Fue un accidente- Respondí, con la boca medio llena, mientras agarraba otro emparedado- Lo del brazo, quiero decir. Lo del a nariz, pues bueno.... supongo que no pensé que le iba a dar tan fuerte- Me callé, un tanto avergonzado, mientras notaba sus penetrantes ojos claros taladrándome .

-Usted y sus amigos nos han contado un relato auténticamente sorprendente- me dijo, mientras ojeaba una pila de folios que tenía sobre la mesa- Un barco ruso, un maletín explosivo, un refugio en un hospital, una ciudad en llamas, un vuelo en helicóptero de dos mil kilómetros...- levantó la vista de los papeles y esbozó una sonrisa- Veo que no han tenido tiempo parea aburrirse en los últimos meses-.

-La verdad es que ha sido una temporada bastante agitada-.

-Vivimos tiempos agitados, todos nosotros- replicó, mientras pasaba mas papeles. Pude ver, en medio de aquélla montaña de folios varias fotos mías, de Prit, Lucía, sor Cecilia e incluso de Lúculo. En una de ellas, sacada desde el aire, se nos veía corriendo apresuradamente por la pista del aeropuerto de Lanzarote, perseguidos por una multitud de No Muertos.

-Casi todo el mundo que vive aquí tiene alguna historia fascinante que contar. Algunas son divertidas, la mayor parte son dramáticas, pero lo suyo supera con creces a la mayoría, créame-.

-Tan sólo tratamos de mantenernos con vida- respondí con cierta sorna. - Como todo el mundo, supongo-.

-Créame, lo hicieron notablemente bien- contesto la pelirroja- De hecho, son los primeros supervivientes que llegan desde la península desde la Operación Juicio, y por sus propios medios, lo que tiene aún mas mérito-.

-¿Operación Juicio?- Le pregunté, algo confundido.

-La evacuación de los Puntos Seguros que quedaban en la Península, hace diez meses- Me miró extrañada- ¿De verdad que no sabe nada de lo que ha sucedido en todo este tiempo?-.

-No he comprado muchos periódicos, últimamente, teniente Pons...-.

-Capitán-.

-¿Disculpe?-.

-Capitán. Soy la capitana Pons, aunque si se siente mas cómo do puede llamarme señora Pons, como hacen muchos civiles ¿qué me decía?-.

-Le decía, Capitán Pons- repliqué, remarcando lo de “capitán”- que no he tenido acceso a ninguna fuente externa de información desde hace casi un año. No tengo ni puta idea de que pasa en el mundo, que coño es lo que queda en pie y que parte se ha ido al infierno. No se donde estoy, que estatus tengo, donde están mis amigos o quien demonios es usted y a quien o a que representa. Lo único que se es que desde hace un año venimos recorriendo un paisaje salido del infierno y plagado de No Muertos, y que cuando finalmente llegamos a un sitio donde no están esas cosas, nos tratan como criminales y nos meten en prisión por un mes. También se que ahora estoy sentado delante de usted, que me han tomado las huellas como a un vulgar ratero y que no es usted teniente, sino capitán, como ha tenido la delicadeza de aclararme hace un instante...mi capitán- concluí, dejando salir de forma abrupta toda mi indignación contenida- Así que usted dirá si estoy informado-.

Alicia Pons se quedó petrificada por un momento, sorprendida por mi repentino estallido. Súbitamente, echó la cabeza hacía atrás y soltó una risa incontenible. Por un instante me enfurecí con ella por lo que consideraba una falta de respeto, pero su risa era tan fresca y contagiosa que finalmente hasta consiguió que esbozase una sonrisa.

-Oh, lo siento, lo siento de veras, por favor, discúlpeme- me dijo, aun con una sonrisa temblorosa en su boca, mientras intentaba recomponer su postura- Pero es que las circunstancias actuales son tan complicadas que a veces me olvido de lo ridículo y estirado que puede llegar a ser el procedimiento. Comprendo su indignación- añadió- pero por favor, relájese. Somos amigos, créame. Comencemos de nuevo- me dijo, mientras me tendía la mano por encima de la mesa- Soy la capitana Alicia Pons, pero puede llamarme Alicia, si lo prefiere-.

-Encantado de conocerla, Alicia- respondí, visiblemente mas relajado- Ahora que ya sabe mi historia ¿Le importaría contarme que demonios ha pasado en el resto del mundo mientras tanto?

-Por supuesto- respondió Alicia, pero esta vez con un semblante mucho mas serio- Pero le advierto que no es un relato agradable, ni mucho menos. El mundo que usted conocía ha desparecido y ahora tenemos... bueno, espere a que acabe de contarle todo- Dicho esto, Alicia Pons comenzó a hablar.