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mundocadaver
03 August 2007 @ 03:12 pm
Por un instante pensé que le había oído mal. Estaba pasmado con aquella última frase.

-¿Viktor y yo?- pregunte- ¿Para que demonios necesitan nuestra ayuda?-

- Es mas que evidente- replicó Pons- El Señor Pritchenko es piloto de helicópteros, con varias miles de horas de vuelo en su haber, muchas de ellas en combate real, por no hablar de la proeza que supone el ser capaz de traer un helicóptero desde la península hasta Canarias sin hacer escalas. Eso le convierte no solo en un elemento valioso de la comunidad, sino que en estos tiempos me atrevo a decir que es imprescindible, un regalo caído, literalmente, del cielo-…

-¿Y yo, que pinto en esto?-pregunté- Al fin y al cabo, soy abogado, o al menos lo era antes de que se derrumbase la civilización- hice una pausa y apunté con cierta sorna- No creo que mis conocimientos y experiencia ayuden mucho a conseguir un pozo de petróleo, y si estaban pensado en demandar a los No Muertos, se lo desaconsejo vivamente.No creo que sean solventes, y si me apura, puede que ni comparezcan al juicio-

- Deje de decir tonterías- me cortó Alicia Pons, tajante- Si les digo que les necesitamos no es por su capacidad para hacer gracias, sino por sus aptitudes personales y capacidades profesionales. Han sobrevivido en territorio infestado mas tiempo que cualquiera de nuestros grupos de incursión, ya sea por azar o por habilidad, y además, el señor Pritchenko es posiblemente uno de los profesionales mas valiosos que existen en la actualidad. Le necesitamos urgentemente-Apostilló, tajante.

-Entiendo que puedan necesitar de los servicios de Viktor- dije cautelosamente - Aunque dudo mucho de que después de todo lo que hemos pasado nos apetezca salir a él o a mi de la isla en una temporada muy, muy larga. Estamos mental y físicamente exhaustos y lo único que queremos es un lugar seguro donde vivir y trabajar, lejos de esos seres de ahí afuera. Y además- añadí- no tengo aún muy claro para que necesitan ustedes los servicios de un abogado…-

-¡Oh!- Alicia pareció sorprenderse de veras. Meneó la cabeza y me dijo suavemente- Creo que está usted en un error. No es el gobierno quien necesita de los servicios de un abogado-

-¿Cómo dice? ¿Entonces, quien demonios….?-

- Es el señor Pritchenko quien precisa de usted- Dijo Alicia, pronunciando lentamente sus palabras- Y si me permite añadir algo, espero que sea usted realmente bueno en su trabajo, porque le va a hacer falta de verdad-…

Por unos instantes me quedé tan atónito que no fui capaz de hablar. Si me hubiesen pedido que me comiese a mordiscos la antena de radar del “Galicia” no me habría parecido mas sorprendente. En pocas palabras, no entendía nada.

-¿Viktor?¿mis servicios profesionales? ¿Pero de que coño me está..?-

-Esta mañana- Me interrumpió la capitana Pons- A las 9:45 horas, el señor Viktor Pritchenko fue conducido de su celda a la sala de reconocimiento en la que hemos estado hasta hace un momento, para darle el alta de cuarentena y facilitarle su documentación de residente, como a usted- Alicia me miraba ahora con una expresión muy seria en la cara- Cuando iba por uno de los pasillos se cruzó con otro miembro de su grupo, la Hermana Cecilia Iglesias, que se dirigía al mismo punto de reconocimiento para recoger su documentación. De repente, y sin mediar palabra, el señor Pritchenko le arrebató la porra a uno de los guardias que le escoltaban y comenzó a golpear en la cabeza a la hermana Cecilia hasta dejarla sin sentido en el suelo, antes de poder ser reducido por los agentes.-

Me tambaleé como si me hubiesen dado un puñetazo en el estómago. Aquello era imposible ¿Viktor agrediendo a Sor Cecilia? No, de ninguna manera, aquello no podía ser real, tenía que haber una equivocación en alguna parte. Recordaba perfectamente la veneración que sentía el pequeño eslavo por aquella monja risueña, resuelta y vivaracha, que había sacado al ucraniano del profundo pozo de la crisis nerviosa a base de largas charlas y toneladas de consuelo y comprensión. ¿Atacarla, Viktor? ¿Por qué? Aquello era totalmente ridículo.

- La Hermana Cecilia se encuentra ahora en estado de coma en la enfermería de a bordo y puede que muera en las próximas setenta y dos horas a causa de sus heridas –continuó desgranado Alicia Pons- Lamento tener que comunicarle todo esto.-


-Tiene que ser un error- dije, en el tono mas calmado que pude encontrar dentro mi- Viktor quiere a esa mujer como si fuese su madre. No es posible que eso que me está contando sea cierto-…

-Parece difícil de aceptar, pero lamentablemente, no hay ninguna duda sobre como fueron los hechos- me respondió Alicia, con unan nota triste en su voz- Hay tres testigos de los hechos, los agentes de seguridad que les acompañaban en aquel instante, y uno de ellos es Basilio Irisarri, el Jefe de Guardias, un hombre de nuestra plena confianza- concluyó- No existe la menor discrepancia en sus relatos-

Viktor, un asesino. No, aquello era imposible. Necesitaba verle. Tenía que hablar con él, saber que demonios había pasado. Una vez mas volvía tener la asfixiante sensación de estar atrapado en las mandíbulas de algo que se me escapaba totalmente de control. La última vez que había tenido esa angustiosa sensación había sido a bordo de otro buque, el Zaren Kibish, y parecía haber pasado un milenio desde entonces. Notaba la mirada de Alicia Pons clavada en mi, mientras mi mente no dejaba de girar a toda velocidad. Tenía que tomar las riendas de aquello antes de que fuese demasiado tarde. Tenía que trazar un plan. Eso era.

- ¿Quiere mi ayuda y la de Viktor, verdad?- interpelé a Alicia Pons, que me observaba expectante- Pues para empezar, necesito que me lleve junto a él ahora mismo. No mañana, ni dentro de diez minutos, ni cuando lo tengan planeado. Necesito ver a mi amigo, y tiene que ser ya, si realmente quieren que colaboremos ¿Puedo contar con usted?-

-Por supuesto- respondió Alicia, un tanto apocada por mi reacción- Sígame por aquí, por favor-