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mundocadaver
11 September 2007 @ 06:00 pm
Lunes 11:13 a.m.

Ha sido un fin de semana realmente sorprendente. La última vez que había estado en Canarias fue en unas vacaciones, antes del Apocalipsis. Siempre había tenido ganas de volver a las islas, pero ni en mis pesadillas más salvajes hubiese imaginado una vuelta en estas condiciones tan….especiales.

Una vez que el oficial del Puerto (un tipo sudoroso y estresado, que estaba atendiendo cinco cosas a la vez) chequeó nuestra documentación, nos dio un apresurado apretón de manos y se alejó velozmente para atender algún asunto urgente que le reclamaba en otra parte. Prit, Lucía y yo nos quedamos de pie en el muelle, con todo nuestro equipaje a los pies, sin saber muy bien que hacer.

Me sentía intranquilo. Algo en todo aquello hacía que estuviese con los nervios a punto de estallar, y por la expresión de Prit y Lucía supe que a ellos les pasaba exactamente lo mismo. El ucraniano se pasaba nerviosamente la lengua por su labio partido, mirando con ansiedad hacia todas partes, mientras sus manos buscaban de forma inconsciente un arma que no tenía. Lucía, por su parte, se había ido pegando imperceptiblemente contra mi cuerpo y sostenía a Lúculo contra su pecho, buscando refugio. Hasta el gato vibraba de excitación.

Tardé un buen rato en darme cuenta. Era la gente. Tan solo eso. Había más personas allí. Estábamos rodeados por una multitud de gente que iba y venía a nuestro alrededor, ocupados en sus asuntos, gente que pasaba rozándonos, sin apenas echar un vistazo a aquel curioso trío atemorizado sobre el cemento del Puerto de Tenerife. Cerré los ojos, mareado. El rumor de la muchedumbre nos envolvía por todas partes. Gritos, retazos de conversaciones, risas, el lloro de un niño, el murmullo de fondo de cientos de bocas hablando a la vez, el relincho de un caballo….. Después de mas de un año rodeado del silencio del cementerio, aquel gentío resultaba impactante.

Fue Lucía quien nos hizo notar otro pequeño detalle. Allí, por primera vez desde no me acuerdo cuando, no olía a podredumbre. Mil y un aromas flotaban en el ambiente, algunos agradables y otros desagradables (Estábamos en un Puerto, al fin y al cabo) pero todos ellos eran decididamente humanos.

Además, y sobre todo, lo mas curioso en aquel momento era que no teníamos nada que hacer. No teníamos que ir corriendo a ninguna parte, ni nos estaba acosando ningún No Muerto

Sin embargo, es una imagen de normalidad engañosa. Semejante multitud nunca hubiese estado en los muelles antes del Apocalipsis. No se ve circulando ni un solo vehículo a motor, excepto algún URO del Ejercito, pero sin embargo si que se ven grandes cantidades de animales de tiro, arrastrando improvisados carros hechos a partir de chasis de furgonetas.

Prit se detuvo un momento a charlar con una de las patrullas militares. Teníamos que llegar hasta el alojamiento que nos habían asignado,en un pequeño pueblo de las cercanías, y no sabíamos donde quedaba exactamente.

Yo, por mi parte, me preguntaba como diablos conseguir un medio de transporte. Y entonces lo vi.