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mundocadaver
13 September 2007 @ 08:36 pm
Jueves,
20:30 pm


¡Por fin! Son las primeras horas libres que tengo desde hace más de un día, pero lo cierto es que nos está costando bastante adaptarnos a esta nueva situación. Supongo que es lo normal, dadas las circunstancias.

Nuestro alojamiento es un antiguo hotel de tres estrellas, construido en los años 70 y que durante décadas alojó a innumerables legiones de turistas europeos que acudían a las Canarias, sedientos de sol y playa. Es evidente que el edificio, aunque limpio y pulcro, ha conocido tiempos mejores, pues ahora presenta un aspecto un tanto ajado. Supongo que ya antes de convertirse en un montón de viviendas el hotel no era precisamente el mejor de la isla. La antigua recepción se ha convertido en un improvisado patio de comunidad por donde cruzan chillando los niños que viven con sus familias en el complejo Es cierto que no he visto demasiados niños desde que hemos llegado (Posiblemente porque no han sobrevivido demasiados) pero sin embargo la cantidad de bebés y mujeres embarazadas es abrumadora. Mires a donde mires, parece que la mitad de las mujeres de la isla están a punto de dar a luz o en camino de hacerlo. Parece como si un primitivo instinto de supervivencia impulsase a los supervivientes a reproducirse a toda costa. Había leído algo sobre un fenómeno similar ocurrido entre los supervivientes del Holocausto judío, pero nunca imaginé que podría llegar a verlo en persona. La sensación es bastante perturbadora.

La mayoría de los residentes en este edificio está compuesto por gente que, como Prit y yo, ha sido clasificada como “Personal Auxiliar de la Armada”, acompañados de sus respectivas familias. La mayor parte de ellos son mecánicos, ingenieros, técnicos de mantenimiento, electricistas,……incluso hay un veterinario dos pisos mas abajo. Todos ellos tienen conocimientos esenciales para la supervivencia de la comunidad en este nuevo mundo. Es por eso por lo que son tan importantes. Todos, menos yo. Y eso no debe ser bueno. Aún no se que diablos pinta un abogado en medio de todo esto, ni para que puedo ser útil. Esa incógnita me intriga y me desasosiega, pese a las buenas palabras de Pons.

“Superviviente experimentado” dice que soy. Y una mierda.

O puede que tenga razón, y lo único que me pasa es que me he vuelto un paranoico. Quien sabe.

Nos han asignado tres habitaciones contiguas en un pasillo de la quinta planta. Teniendo en cuanta que sólo hay electricidad durante seis horas al día (desde las seis de la tarde a medianoche), no deja de ser un autentico incordio, sobre todo cuando se trata de subir tramo tras tramo de escalera.

Afortunadamente, los anteriores inquilinos decidieron tirar los tabiques para unir las tres habitaciones y formar un improvisado apartamento, por lo que por lo menos aún permanecemos juntos. Las habitaciones están baqueteadas, pero limpias, hay agua, aunque no caliente, y por lo que nos han contado, durante las horas en las que hay fluido eléctrico se puede recibir la señal del canal de televisión que posee la isla en los trasteados aparatos que están atornillados encima de la cama. En definitiva, no estamos tan mal. Esa es la parte buena.

La parte mala es que mañana Prit y yo hemos de presentarnos en un cuartel situado cerca del centro de la ciudad (o lo que queda de ella, mejor dicho. Ya contaré esto con mas calma) para que nos asignen una serie de ordenes, que estoy seguro que van a marcar nuestra vida de ahora en adelante.

Y además, sobre todo, no puedo olvidar lo que vi en el Puerto.

Puede que fuese el cansancio, o mi imaginación disparada tras un mes encerrado en el Galicia. Puede que al fin y al cabo tan solo se tratase de una confusión. Pero no lo creo. Años de profesión me han llevado a ser un buen fisonomista.

Y estoy casi seguro que el otro día, en el Puerto de Tenerife pude ver entre la multitud, y por apenas una fracción de segundo, una cara tremendamente familiar.

Se que he visto a uno de los marineros del Zaren Kibish. Y todavía no le he dicho nada a los demás.