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mundocadaver
24 October 2007 @ 09:10 pm
Es una mañana desacostumbradamente fría, para la temperatura que normalmente hace en Canarias. Es temprano, muy temprano, y aún se puede ver a Venus titilando en el cielo mientras nuestro pequeño grupo se frota las manos y patea en el suelo de cemento del aeropuerto Reina Sofía tratando de combatir el intenso frío matutino.

Ha pasado una semana desde nuestra reunión con Luis Viena. Desde entonces tan solo hemos tenido la oportunidad de volver a nuestro domicilio en tres o cuatro ocasiones, casi siempre de noche y demasiado agotados como para poder hacer cualquier otra cosa que no sea caer desplomados en cama. Lo peor fue la primera noche, cuando le dije a Lucía que nos habían “alistado” en una unidad de apoyo. Desde el momento en que le confesé que Prit y yo tendríamos que volver a la Península, mi chica ha pasado por varias fases: cabreo, indignación, llanto, furia….. y finalmente parece haber aceptado la situación con resignación. Sin embargo, desde entonces la noto mas distante conmigo, mas fría. Y no la culpo.

No se puede decir que me responsabilice a mi de la situación, pero está claro que ahora hay una barrera entre nosotros que antes no existía. He de reconocer que no entendía nada, hasta que Prit me ha explicado lo que hasta el mas ciego podría ver. Lucía perdió a todos sus seres queridos no hace mucho tiempo, e indudablemente fue una experiencia traumática para ella. Todo lo que tiene ahora, sus seres queridos, somos Prit y yo, y resulta que nos vamos en una expedición de alto riesgo. No hace falta ser un lince para darse cuenta de que teme tener que sufrir de nuevo la misma horrible experiencia de Vigo. Me rompe el corazón verla en este estado, pero no se que demonios puedo hacer al respecto.

La ultima semana no ha sido mucho mas facil para nosotros. Nos hemos pasado encerrados la mayor parte del tiempo en una zona militar acotada en Los Rodeos, el otro aeropuerto de la isla. Allí hemos tenido tiempo para conocer personalmente al resto del equipo, así como adiestrarnos en el uso del material que vamos a utilizar en esta misión.

“En esta misión”…… vaya expresión. Cualquiera que me oyese pensaría que está hablando con un veterano soldado. Jesus. Que ridículo e inútil me siento en medio de todo esto. Y sobre todo, que miedo tengo.

Nos vamos de vuelta a la Peninsula. A Madrid, concretamente. No es precisamente un rincón abandonado y tranquilo, un lugar donde sea difícil encontrarse con uno de esos seres. Antes del Apocalipsis vivían en la ciudad y en sus alrededores casi seis millones de habitantes. Según el censo de residentes actuales de las Canarias, no hay en las Islas mas de quince mil habitantes que sean refugiados de esa zona. Así que es fácil suponer que nos vamos a meter de cabeza en una zona donde hay varios millones de No Muertos esperando por nosotros. Resulta aterrador.

Nuestro objetivo son los restos del Punto Seguro Tres, de los cinco que se crearon en la ciudad. Dicho Punto resistió tan solo cuatro días los asaltos de los No Muertos y se cree que más de tres cuartos de millón de personas perdieron la vida en su interior. Pero no vamos allí para contemplar el paisaje de después de la batalla. Dentro de ese Punto estaba situado el Hospital de La Paz y justo a su lado se instaló el mayor almacén farmacéutico de toda la capital, con la misión de abastecer de medicamentos al resto de Puntos Seguros por vía aérea. Lamentablemente, la marea de No Muertos frustró desde el principio ese plan.

Si las cuentas no fallan, dentro de ese almacén tiene que haber toneladas de medicamentos, decomisados durante los últimos días caóticos de los almacenes que Bayer, Pfeizzer y el resto de las casas fabricantes tenían en los parques industriales cercanos. Esas toneladas de medicamentos son indispensables para nosotros, tanto o mas que el combustible, o las armas. Sin ellos, nuestra asistencia sanitaria, ya de si precaria por la falta de personal médico, retrocederá mas o menos hasta el siglo XVIII. Por lo que nos han contado, la situación empieza a ser angustiosa en los pocos hospitales abiertos en Tenerife. Hacen falta antibióticos, insulina, sueros, opiaceos, analgésicos, sedantes….. la lista es infinita. Las reservas están bajo mínimos, y la producción propia es aún demasiado pequeña. Y eso sin contar que hay determinados productos que es imposible fabricar en las actuales condiciones. Así que no queda otra opción que ir hasta allí.

Todos los hospitales de las islas ya han sido saqueados por equipos parecidos al nuestro, y por desgracia, las bajas propias en cada uno de estos viajes han sido muy altas. Así que ahora han decidido apostar por el premio gordo. Pero al menos no vamos a ciegas.

Hasta poco antes de que se desatase el caos, España y Francia compartían el uso de un satélite espía, el Helios II. Aunque su control central estaba en Francia, existía una subdivisión de control en algún lugar no revelado de la Península.

Tras varios intentos fallidos por parte de los escasísimos técnicos e informáticos supervivientes, finalmente se logró crear una réplica de su base de control aquí, en Tenerife .Ahora, el Helios II y sus cámaras son nuestros ojos sobre el sur de Europa. El hecho de que no hayan tenido ningún problema para tomar el control del satélite me lleva a pensar que en Francia, o no están interesados, o no queda nadie con capacidad para poder tomar decisiones de ese calibre. En fin, supongo que ahora eso no es nuestro problema. Que cada uno cuide su culo.

Las imágenes tomadas por el pájaro sobre Madrid no dejan lugar a dudas. La ciudad está prácticamente intacta, salvo algún barrio que parece haber ardido hasta los cimientos, y desde el aire el almacén parece estar intacto, al menos aparentemente. Lo que nos encontremos allí en persona ya es una incógnita.

Nos vamos en menos de tres horas, coincidiendo con la salida del sol. Volaremos directamente hasta la Península en un Airbus A-320, al que le han quitado prácticamente todos los asientos, menos los de primera clase, para transformarlo en un gigantesco carguero. Nuestro destino es el antiguo aeródromo militar de Cuatro Vientos, a ocho kilómetros de la capital. Alguien, hace algunos meses, se dio cuenta a través del satélite de que el perímetro del aeródromo, totalmente vallado, estaba intacto, y no se apreciaba ningún movimiento en las instalaciones. Tras varias semanas de observación, han llegado a la conclusión de que las instalaciones están desiertas y que “probablemente” son totalmente seguras (El "probablemente" es lo que mas me mosquea). El único acceso posible que puede estar abierto es el edificio principal, y los últimos informes fiables, obtenidos antes de que las comunicaciones cayesen junto con los Puntos Seguros, decían que el aeródromo había sido clausurado a cal y canto, así que si los cálculos no fallan, el aeródromo debería estar cerrado, seguro…… y vacío.

Por lo tanto, nuestro primer objetivo es asegurar el aeropuerto, y sellarlo a cal y canto. Para eso nos acompaña media compañía de legionarios, de los pocos que han sobrevivido al Apocalipsis, con uniforme completo de combate y armados hasta los dientes. Una vez hecho eso, ellos se quedarán allí, controlando el perímetro y será nuestro turno….. y entonces las cosas se pondrán muy movidas, sin duda.

El Airbus acaba de encender los motores y nos indican con gestos que debemos embarcar. Seguiré escribiendo en el avión.