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mundocadaver
30 December 2007 @ 10:02 pm
El Superpuma se posó en la plaza con una sacudida, en medio de remolinos de humo aventados por las aspas. Nada mas tocar tierra con sus ruedas, un crujido escalofriante se oyó perfectamente dentro de la cabina.
Por un segundo, la sangre se escapó de mi rostro. “La hemos jodido, algo se ha roto” fue mi primer pensamiento, y supongo que el de mas de uno de los presentes. Todos éramos conscientes que una avería en el pájaro supondría nuestra condena mas absoluta. Si algo nos había quedado claro por el camino era que el viaje por tierra, fuese cual fuese el medio de transporte, quedaba descartado.

-¡Prit! ¿Qué hostia ha sido eso? ¡Viktor!- grité por el interfono, sin poder controlar el tono de temor en mi voz.

-No te preocupes tanto, valiente- Respondió el ucraniano con guasa, mientras sus manos se movían rápidamente por los controles del aparato, bajando las revoluciones del motor- Ese ruido no lo hemos hecho nosotros. Han sido ellos.

-¿Ellos?- repliqué, confundido.

-Los que hemos pillado debajo de nosotros al aterrizar - El ucraniano soltó con agilidad su arnés de seguridad y se giró hacia la parte trasera de la cabina, para coger su fusil de asalto- Pero no creo que les importe. Ya estaban carbonizados cuando los hemos aplastado.

Algunos de los miembros del equipo ya habían abierto la puerta lateral del aparato y estaban a punto de saltar al exterior. Miré hacia el portón, dubitativo. De repente sentía frío, mucho frío, aunque el sudor me resbalaba por la espalda.
Traté de tragar saliva, pero mi garganta estaba seca como un desierto. Eché la mano a un bolsillo, para sacar un Chester. Horrorizado, comprobé que me temblaba tanto el pulso que no era capaz ni siquiera de abrir el botón de la solapa. La angustia empezó a consumirme, mientras sentía como una mano invisible me oprimía el corazón. En aquel estado no sería capaz de dar ni siquiera dos pasos en el exterior antes de cagarla. Tuve una revelación. Iba a morir allí. La vista se me nublaba, me mareaba, Oh, Dios mio…..

-¡Eh! Tranquilo- La familiar y alentadora voz de Viktor Pritchenko en mi oído me devolvió a la realidad. El ucraniano había apoyado una mano en mi hombro y me miraba fijamente, a pocos centímetros de distancia de mi cara. Con parsimonia sacó el paquete de cigarrillos de mi bolsillo, encendió uno y me lo puso en los labios.

-Prit, no puedo salir ahí fuera- mi voz sonaba como un graznido- Me matarán, me cogerán en menos que canta un gallo. Oh, joder, no se que diablos hacemos aquí…

-Lo vas a hacer bien- El pequeño eslavo me ayudó a levantarme, mientras que con la otra mano se colocaba el fusil en el hombro- Lo has hecho estupendamente antes y lo harás estupendamente bien ahora, así que no te preocupes. Hemos estado en sitios peores, tu y yo solos, y hemos conseguido salir adelante ¿No es cierto?

Asentí, dubitativo. Ya habían salido casi todos del aparato y se oían gritos excitados en el exterior. Tank nos llamaba a voces mientras el resto del equipo se repartía en sus posiciones.

- ¿Te acuerdas de la tiendita de Vigo, donde los pakistaníes?- Una sonrisa afloró en la cara de Viktor- Allí si que estábamos metidos en la mierda mas absoluta, solos, sin vehículos, sin armas y rodeados de esas bestias, metidos en aquel jodido armario…. Creo que si salimos de aquello, esto está…¿Cómo se dice?..Chupado ¡Eso es!

Asentí, con una sonrisa temblorosa en mi cara a mi pesar. Lo cierto es que mirándolo bien, Pritchenko tenía razón. Cuando nos habían catalogado como “veteranos” me había extrañado, pero seguramente habría poca gente que hubiese estado tanto tiempo entre los No Muertos como nosotros y que aún estuviese en condiciones de contarlo.
De todas formas suspiré, desalentado. Si éramos de lo mejor que podía ofrecer la especie humana para su salvación, entonces el panorama estaba mas jodido de lo que pensaba en un principio.

En fin. Le di una profunda calada al cigarrillo, mientras observaba como el argentino colocaba la MG3 sobre su trípode con el gesto experto y cansado de quien ya lo ha hecho un millón de veces. De acuerdo, pensé, puede que estemos de nuevo en medio de esta mierda, pero al menos esta vez tenemos un plan, y estamos rodeados de gente que parece bastante competente en lo que hace. Y además, Viktor y yo nos tenemos el uno al otro, que no es poco. Y puede que los chicos del napalm decidan darse otra pasadita por aquí, antes de salir. Quizás tengamos alguna posibilidad de salir con el pellejo intacto. Quien sabe.

-¿Listo?- preguntó el ucraniano, mientras amartillaba ruidosamente su HK.

-Listo, colega- respondí, desenfundando mi Glock con cautela- No pierdas de vista mi culo ¿vale?.

-Descuida. Lucía me mataría si te pasase algo y no tengo ganas de cargar con tu gato- replicó con una sonrisa- En marcha.

Saltamos a la superficie de la plaza, o a lo que yo pensaba que era la superficie de la plaza. Nada mas apoyar los pies fuera del helicóptero una de mis piernas pareció hundirse en un agujero salido de la nada. Una vaharada putrefacta asaltó mi nariz, mientras Pauli me observaba entre preocupada y divertida.

-Ten cuidado- me indicó con un gesto travieso- ¡Le acabas de plantar un pie en los putos pulmones a ese hijo de puta!.

Comprobé con horror, que lo que había tomado por una superficie chamuscada de la plaza era en realidad un tapete de cuerpos carbonizados y humeantes. Al saltar del aparato mi pierna derecha había atravesado el torso semiconsumido de un cadáver, y tras hacer trizas sus costillas chamuscadas, mi pie reposaba sobra algo que posiblemente fuesen los restos de su columna. Asqueado, di un paso atrás, para liberar mi bota, lo cual casi me hizo caer al perder el equilibrio.

El brazo de acero de Tank me sujeto con fuerza por un costado, evitando que cayese entre los restos carbonizados.

-Vaya con su equipo- me dijo secamente, mientras me clavaba sus ojos de tiburón- Y proteja al informático. Sin él, todo esto es inútil.

Me desasí, preguntándome que demonios era lo que sabía aquel tal Broto para ser tan importante. Con un encogimiento de hombros me acerqué a Prit, sorteando los cuerpos chamuscados del suelo.

-Nosotros vamos con esos- Me indicó el eslavo, señalando hacia Pauli y Marcelo- Por lo visto tenemos que cuidar del chicarrón del norte con cara de susto.

- ¿Sabes por que?-

-No tengo ni idea- me respondió Viktor, con un suspiro- Pero supongo que en pocos minutos…¡Cuidado!.

El ucraniano pegó un bote hacia un lado, mientras me apartaba de su línea de tiro. Aturdido, me giré, justo a tiempo para ver como a mis espaldas, a menos de tres metros, dos No Muertos horriblemente chamuscados se acercaban hacia nosotros. Era imposible distinguir su edad o sexo, pues estaban abrasados, pero sus movimientos eran tremendamente ágiles, para estar en aquel estado.
Viktor levantó su HK y abrió fuego contra el que estaba a la derecha. El tableteo de su fusil se fundió casi en el mismo segundo con las ráfagas de otras armas. Nuestra presencia allí estaba atrayendo la atención de todos los no Muertos que aún permanecían en pie en la plaza. El napalm había acabado con la mayoría, pero aún quedaban unas buenas tres o cuatro docenas de engendros que poco a poco se iban acercando, cerrando un círculo de muerte en torno al helicóptero. El rugido de los HK se mezclaba con el ladrido seco de las Glock, todo ello punteado de fondo por los hipidos cadenciosos de la MG3, que el argentino disparaba en ráfagas cortas y espaciadas.

Nuestros dos No Muertos estaban terriblemente cerca, y tan solo Viktor y yo les hacíamos frente. El resto del equipo estaba igual de apurado que nosotros, disparando en otras direcciones, y nadie prestaba atención mas que a su sector mas inmediato. El estruendo era ensordecedor, y eso cada vez atraía a mas y mas No Muertos, a medida que iban cayendo los primeros.

La primera ráfaga de Pritchenko abrió un rosario de agujeros en el pecho del No Muerto. Por un momento este se tambaleó hacia atrás, sacudido por los impactos, pero continuó avanzando, amenazadoramente. Rectificando el tiro, el ucraniano apuntó cuidadosamente a su cabeza, y con otra corta ráfaga la trasformó en una pulpa viscosa que salpicó en todas direcciones. El No Muerto se desplomó como un fardo, pero Prit ya no le prestaba atención. Parsimoniosamente apuntó hacia el otro, y tras inspirar profundamente, apretó el gatillo.

Un “clank” metalico nada prometedor surgió de su arma. Por un instante nos quedamos congelados, mientras el No Muerto se acercaba, imparable.

-¡Se ha encasquillado!- gritó el ucraniano-¡Joder, se ha encasquillado! ¡Dispara a ese hijoputa!.

Como en un sueño, levante la Glock de manera inconsciente. Vi como mi dedo pulgar liberaba el seguro, tal y como me había enseñado el instructor en Tenerife, durante dos largas semanas. Por un instante toda mi atención se concentró en el ser que avanzaba hacia nosotros. Poco a poco el sonido de los disparos que nos rodeaba fue desapareciendo para mi, así como el resto del mundo. Solo existíamos en el universo, aquel monstruo carbonizado, la mira de la pesada Glock, y yo.

Me oí respirar. Sentí como mi índice presionaba lentamente el gatillo.

Disparé.

Y por toda respuesta, un horrible “clank” metálico salió del percutor.